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Lo bien hecho: gobernanza y eficiencia industrial en 2026+

Lo bien hecho: gobernanza y eficiencia industrial en 2026+

En 2026, la eficiencia industrial vuelve al centro de la agenda: crecimiento moderado, márgenes bajo tensión y un ciclo de inversión en capital digital, energético y productivo. Para España, el reto es traducirlo en competitividad: calidad, fiabilidad y productividad sostenidas.

En World Economic Situation and Prospects 2026, Naciones Unidas (United Nations Department of Economic and Social Affairs, UN DESA) prevé que la economía mundial crezca un 2,7% en 2026. La Comisión Europea, en su previsión para España, sitúa el crecimiento del PIB en el 2,3% y la inflación en el 2,0%. La normalización no elimina la volatilidad de costes, financiación y factores: la eficiencia pasa a ser arquitectura del sistema industrial, no un ajuste local.

De la lectura conjunta con la evolución energética y tecnológica emerge un patrón: la eficiencia sostenible se redefine como capacidad de sistema, no como suma de iniciativas. “Lo bien hecho” se convierte en ventaja diferencial cuando se ejecuta con disciplina y escala.

En energía, la International Energy Agency (IEA) anticipa que el consumo eléctrico de la Unión Europea crecerá un 1,5% en 2026. En España, la Planificación de la Red de Transporte de Energía Eléctrica 2021–2026 estima que las renovables alcancen el 67% del mix de generación en 2026, en línea con el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC) 2021–2030 y con necesidad de refuerzos de red y flexibilidad. El foco se desplaza hacia redes, flexibilidad y excelencia operativa.

En tecnología y organización, la Society for Human Resource Management (SHRM) sitúa la inteligencia artificial (IA) como la prioridad más citada por consejeros delegados. En España, España Digital 2026 refuerza la economía del dato, la IA y la ciberseguridad. En la práctica, Industria 4.0 evoluciona hacia la fábrica cognitiva: un sistema capaz de percibir (datos de tecnología operacional y tecnología de la información —OT/IT—), interpretar (trazabilidad), decidir (IA y optimización) y actuar (producción, ingeniería, mantenimiento, calidad y logística). Su rasgo distintivo son los bucles cerrados de aprendizaje: validar decisiones con resultados reales y ajustar planes y estándares con disciplina, con supervisión humana y gobierno del dato.

Escalar este enfoque exige garantías operativas. En Global Cybersecurity Outlook 2026, elaborado por el World Economic Forum (WEF) en colaboración con Accenture, una encuesta a 804 participantes cualificados de 92 países —incluidos 105 consejeros delegados— muestra que el 94% espera que la IA sea el principal motor de cambio en ciberseguridad en 2026. Para las operaciones industriales, esto exige un perímetro OT/IT resiliente —incluida la cadena de terceros— y mecanismos de validación, monitorización y respuesta que sostengan la continuidad del negocio.

Y el diferencial se consolida en el modelo operativo: no se trata de “hacer más proyectos”, sino de orquestar mejor. Eso requiere medición comparable entre plantas, definiciones comunes, trazabilidad de impacto y una gobernanza transversal que convierta la estrategia en disciplina diaria, con estándares comunes.

En la era de la IA, “Lo bien hecho nos define” cuando la ejecución es coherente, medible y bien gobernada. La tecnología es condición necesaria; la eficiencia sostenible exige liderazgo y orquestación. La pregunta para 2026 no es qué piloto lanzar, sino qué sistema de ejecución construir.

Rubén Andía Ortega. Senior Manager, Manufacturing & Operations Consulting Lead at Accenture Iberia