Descarbonizar la industria: una oportunidad estratégica para España
Durante años, la descarbonización industrial se ha presentado como una obligación incómoda: un coste añadido, una exigencia regulatoria o una amenaza para la competitividad. Sin embargo, el contexto económico, energético y geopolítico actual ha cambiado radicalmente ese enfoque. Hoy, descarbonizar la industria no es solo una necesidad climática: es una oportunidad estratégica para reforzar la base productiva de España y posicionarla en el nuevo mapa industrial europeo.
La transición hacia procesos industriales bajos en carbono ya no es una opción futura, sino una condición para seguir produciendo, exportando y compitiendo en los mercados internacionales. Y, bien gestionada, puede convertirse en un vector de modernización tecnológica, atracción de inversión y empleo cualificado.
De obligación ambiental a ventaja competitiva
El aumento del precio de la energía, el endurecimiento del mercado de derechos de emisión y las exigencias regulatorias europeas han puesto bajo presión a los sectores industriales intensivos en consumo energético. Pero, al mismo tiempo, han abierto un espacio para transformar procesos productivos, ganar eficiencia y reducir la dependencia de fuentes fósiles volátiles.
En este nuevo escenario, las industrias que logren anticiparse y adaptarse no solo reducirán emisiones, sino que mejorarán su resiliencia, estabilizarán costes a medio plazo y reforzarán su posición frente a competidores internacionales, cumpliendo además con los criterios ESG exigidos por inversores y entidades financieras. La descarbonización deja de percibirse como una carga y pasa a ser una palanca de competitividad.
España parte, además, de una posición singular: un mix energético cada vez más renovable, capacidad tecnológica en sectores clave y un tejido industrial que cuenta con polos altamente especializados capaces de liderar esta transformación.
Industria, energía y empleo: un mismo eje estratégico
Hablar de descarbonización industrial es garantizar que la industria siga produciendo con calidad en España, con procesos más eficientes, tecnología avanzada y mayor valor añadido.
La transición energética aplicada a la industria implica electrificación de procesos, uso de hidrógeno renovable, aprovechamiento del calor residual, economía circular y digitalización. Todo ello requiere inversión, ingeniería, mantenimiento y nuevas competencias profesionales. Es decir, empleo industrial de calidad.
En este sentido, la descarbonización conecta directamente con otros grandes objetivos estratégicos del país: autonomía energética, reindustrialización, cohesión territorial y soberanía tecnológica.
Un marco ya en marcha: el PERTE de Descarbonización Industrial
España no parte de cero. El PERTE de Descarbonización Industrial, gestionado por el Ministerio de Industria y Turismo, constituye el principal instrumento público para acelerar esta transformación.
El programa cuenta con una inversión pública total de 3.170 millones de euros, con el objetivo de movilizar hasta 11.800 millones de euros de inversión total, sumando recursos públicos y privados. Su impacto esperado es significativo: una reducción de 13 millones de toneladas de CO₂ al año y la creación de alrededor de 8.000 empleos directos.
El PERTE está orientado a sectores intensivos en energía como el cementero, papelero, químico, alimentación y bebidas, y se articula a través de distintas líneas de ayuda que apoyan tanto actuaciones integrales de descarbonización como nuevas instalaciones manufactureras altamente eficientes.
A enero de 2026, el Ministerio ha adjudicado ya más de 471 millones de euros a 95 proyectos, y ha activado una nueva convocatoria de la Línea 1 dotada con 330 millones de euros adicionales, cuyo plazo de solicitud se extiende del 2 al 13 de febrero de 2026.
Más allá de las cifras, el PERTE está permitiendo que proyectos técnicamente viables, pero hasta ahora económicamente inviables, se ejecuten, acelerando decisiones industriales clave. Y generando un efecto arrastre sobre las pymes integradas en sus cadenas de valor.
El sector químico como ejemplo de transformación
Uno de los mejores ejemplos del impacto de la descarbonización industrial en España es el sector químico, uno de los más avanzados tecnológicamente y estratégicos para el conjunto de la economía.
Las estimaciones del propio Ministerio y de asociaciones sectoriales como FEIQUE apuntan a que la industria química podría absorber cerca de una cuarta parte de los fondos del PERTE, lo que supondría una inversión pública cercana a los 800 millones de euros y una inversión privada de aproximadamente 2.000 millones, alcanzando un volumen total próximo a los 2.800 millones de euros.
Este esfuerzo inversor está permitiendo a la industria química española mantener su competitividad en el mercado europeo, especialmente frente al incremento de los costes asociados a los derechos de emisión, al tiempo que transforma tecnológicamente sus plantas productivas.
En términos de empleo, se han consolidado y modernizado al menos 2.200 puestos de trabajo directos en los principales polos industriales del sector, como Tarragona, Huelva, Puertollano y Asturias.
Los proyectos en marcha ilustran bien el alcance de esta transformación. Destacan, por ejemplo, las iniciativas de hidrógeno verde destinadas a sustituir el gas natural en procesos industriales clave, como la síntesis de amoníaco o la desulfuración. Proyectos liderados por empresas como Iberdrola, bp o EDP están comenzando a cambiar la base energética de complejos industriales enteros.
También avanza la descarbonización del vapor de proceso, mediante la sustitución de calderas de gas por calderas eléctricas y grandes bombas de calor industriales en clústeres como el de Tarragona (ChemMed) o el Valle Andaluz del Hidrógeno Verde en Huelva.
A ello se suma el impulso a la economía circular en plásticos, con inversiones en reciclado químico que permiten convertir residuos en nuevas materias primas, cerrando el ciclo productivo —Repsol y Plastic Energy en el polo petroquímico de Puertollano (Ciudad Real) y Repsol en Tarragona—.
Y las mejoras en eficiencia térmica, recuperando calor residual de reacciones químicas para generar energía o alimentar otros procesos, con reducciones de consumo energético externo de hasta un 30%.
Un reto compartido que necesita coordinación
La descarbonización industrial no es un proceso aislado ni exclusivo de las empresas. Requiere coordinación entre administraciones, industria, sector energético, tecnología y territorio. Exige estabilidad regulatoria, infraestructuras adecuadas y espacios de diálogo donde compartir experiencias, barreras y soluciones.
En este contexto, el Congreso Nacional de Industria se consolida como un punto de encuentro clave para analizar cómo avanzar en esta transformación de manera realista, competitiva y alineada con las capacidades del país.
Mirar al futuro con industria
Descarbonizar la industria no es renunciar al crecimiento, sino redefinirlo. España está demostrando que se puede combinar industria, sostenibilidad y competitividad. Los instrumentos ya están en marcha y los primeros resultados son visibles.
El desafío ahora es escalar, coordinar y acelerar. Porque la industria que se transforma no solo reduce emisiones: permanece, compite y construye futuro.
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▶️ Congreso Nacional de Industria: lo bien hecho, en imágenes.
AGENDA
Mesas redondas relacionadas con descarbonización industrial
DÍA 4 MAÑANA
13:10–13:40 · Sala AENOR – Construcción 360, por un modelo de construcción real y sostenible.
13:25–14:15 · Sala Accenture – Redes del futuro: hacia una soberanía energética fiable y sostenible.
DÍA 4 TARDE
15:45–16:30 · Sala Repsol – Los combustibles renovables: una oportunidad para el futuro de la industria española.
15:45–16:30 · Sala Nippon Gases – Cómo el I+D nos posiciona como un país puntero en el tratamiento de aguas.
16:30–17:30 · Sala Repsol – Cadenas de valor de combustibles renovables: clave para la reindustrialización europea.