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La industria como (potente) transformador sistémico y del territorio

La industria como (potente) transformador sistémico y del territorio

En febrero de 2026, Bilbao se convierte en el epicentro de la reflexión industrial bajo un lema que es, a la vez, una declaración de principios y un desafío: «Lo bien hecho nos define». En un contexto de retos de sostenibilidad ambiental, social y económica existenciales que requieren transformaciones radicales a la vez que lidiamos con la geoestrategia a nivel de la UE y regional en materia de energía, soberanía alimentaria, circularidad y recursos que pasan por la creación urgente de resiliencia, ¿qué significa hoy «hacer bien las cosas»?

Hacer bien las cosas empieza por entender que necesitamos trabajar de diferente forma cuando se trata simplemente de a) un reto operativo, b) encontrar solución a un problema, c) desarrollar un equipo, nuevos estándares o una nueva tecnología que d) cuando hemos de transformar sistemas. Cada uno requiere una maestría diferente. En el mundo complejo de hoy, el primer paso es distinguir esto y el segundo, sería el estar dispuesto y poner los medios ―procesos, estructuras, narrativas― para aprender en acción, como siempre ha sabido hacer la industria.

En este aprendizaje en acción, tres ideas inspiradoras:

1. La innovación transformativa (Marco 3)

Durante décadas, la industria nacional se ha movido entre la innovación de Marco 1 (el trabajo de diseño junto a universidades y centros tecnológicos) y el Marco 2 (innovación abierta). Ambas nacen de una lógica de oferta: lanzar productos competitivos. Sin embargo, ante crisis como la de la DANA en Valencia, los mercados de oferta se vuelven irrelevantes si no existe resiliencia social. Aquí la necesidad hace emerger el Marco 3: una innovación policéntrica y social-colaborativa. No se trata de grandes centros de mando, sino de potenciar lo existente a través de tecnologías habilitadoras y modelos distribuidos.

En escenarios como los presentes, este modelo puede sernos de aprendizaje; pero es que además, está ya sucediendo de forma masiva, pues la tecnología está habilitando la distribución de la capacidad de crear oferta: un ejemplo son las comunidades energéticas y la simbiosis industrial. ¿Qué nos trae esto? Lo social deja de ser el eje «olvidado» de la ESG para convertirse en el capital con mayor potencial de transformación. Como ya demostró la economía de plataformas, la eficiencia funcional crece cuando el poder es compartido y autogestionado.

2. El enfoque sistémico y regenerativo

El mundo no es un conjunto de piezas fragmentadas, sino un sistema de capas anidadas. No puede existir un mundo viable sin territorios vitales. Tras décadas de modelos industriales basados en la competitividad exterior por encima de todo y a cualquier precio, el nuevo «bien hacer» industrial debe ponerse al servicio del lugar y contexto en el que habita.

En la teoría de cambio regenerativa, lo local es la unidad de medida de la resiliencia. Una industria bien hecha es aquella que regenera los sistemas naturales y sociales que la sostienen, creando ecosistemas que, en caso de colapsos regionales o globales, son capaces de resistir y adaptarse. Es pasar de la industria que ocupa un territorio a la industria que pertenece y nutre a un territorio. Un buen ejemplo de esto es el modelo de biopolígonos, en los que se combinan residuo agrario, energía y procesos circulares que dan lugar a nuevos materiales.

3. El nuevo rol de lo público: Agendas Compartidas

España cuenta con modelos pioneros que ya son referencia para la OCDE y la Unión Europea, como las Agendas Compartidas de la RIS3CAT en Cataluña. Este enfoque institucional es la síntesis de los puntos anteriores: innovación de Marco 3 para regenerar desde base local. Actualmente, proyectos como Lleida Alimenta o los Centros de Innovación Territorial (CIT) del MITECO demuestran que el apoyo público está virando hacia la creación de estructuras de soporte y capacitación local. La industria vasca, con el referente mundial de la Corporación MONDRAGON, conoce bien esta lógica de economía social y colaboración público-privada.

En suma, desde Impact Hub tenemos una convicción clara: lo «bien hecho» ya no puede medirse solo por la eficiencia de un proceso o la competitividad de un producto en el mercado. Hoy, lo bien hecho es aquello que se ajusta al nuevo paradigma donde la sostenibilidad ambiental y el desarrollo de toda la potencialidad social no son accesorios, sino la única vía de viabilidad a largo plazo.

Rafa Cobo. Regenerative Lead en Impact Hub